Cuando el cáncer te toca

Hola, 

Hoy no te traigo una nueva sesión. Hoy voy a hablar de algo sumamente personal, quiero compartir mi historia y que de algo te sirva mi experiencia. Si no quieres leerlo todo, salta al final y encontrarás las moralejas.

Hace más de 3 años el cáncer llegó a mi familia, una mañana mi mamá se levantó con un peculiar dolor en su seno izquierdo, que la llevó a tocarse y sentir un pequeño bulto en él. Ese bulto la hizo visitar a una mastóloga (especialista en mamas) quién después de mamografías, ecografías y una punción nos dio una noticia que cambiaría la vida de mi familia. Mi mamá había sido diagnosticada con un carcinoma ductal, un cáncer agresivo que se descubrió de manera temprana en ella, lo que nos hizo pensar que la lucha podía ganarse.

Después de quimioterapias, radioterapias, una mastectomía, un cateterismo cardiaco, y exámenes de toda índole mi mamá disfrutó de varios meses de estar libre de cáncer. Poco nos duró el gusto, porque a mediados del 2013 se le encontró un ganglio con metástasis en el lado izquierdo de la base del cuello. La nueva ronda de quimioterapias terminó a finales del 2013. Y lo que le esperaba en enero del 2014 era una cirugía para extirparle la tiroides, que estaba creciendo más de lo normal. El examen patológico reveló que era una tiroides normal, así que por ese lado no había de que preocuparse, excepto porque su comportamiento y estado físico cambiaron por completo después de la cirugía.

Se volvió desordenada, veía cosas que no estaban allí o decía que había pasado tal o cual cosa y no era cierto. Cada día se le hacía más difícil cambiarse de ropa o subirse al carro, perdía el equilibrio y sus manos temblaban más que de costumbre al momento de comer. En aproximadamente un mes mi mamá había pasado de ser una señora llena de vida que aun saltaba la cuerda de cuando en cuando, a estar en una silla de ruedas y necesitar ayuda para alimentarse.

En marzo, con una tomografía de cráneo, nos dimos cuenta de que el cáncer se había escondido en el único lugar donde no lo buscaron: su cerebro, en él se encuentran dos tumores que se llevaron a la mamá que conocí durante todos estos años. Y aunque hemos hecho todo lo posible y hemos agotado todo tratamiento médico, la metástasis en su cerebro no cede, más bien cada día que pasa la pierdo un poco más. Hoy mi mami no puede hablar, no puede sentarse o pararse, no puede comer sola y se le dificulta el tragar hasta un bocado de agua. Pasa la mayor parte del día durmiendo y se le hace difícil despertar. Me alegra tener un trabajo que me permite cuidar de ella todos los días y ayudar a mi papá.

A pesar de todo el dolor que me ha provocado el ver a mi mamá así, y saber que quizás el próximo año no esté conmigo, yo doy gracias a Dios porque fue ella quien tuvo cáncer y no sus hijos, porque así ella no tuvo que sufrir viéndonos enfermos, o mi papá, porque ella no hubiera podido cargarlo como hace él con ella. Doy gracias a Dios por su ejemplo de vida, por su amor, y por dejarme estar con ella un poquito más. No entiendo porqué no la ha sanado y no me angustio por eso, porque sé que quizás jamás lo entienda, pero pido que pueda usar esta experiencia para acercarme más a Él en medio de esta situación.

Hoy te pido que si tienes a tu mamá sana (o tu papá), ya sea cerca tuyo o lejos, hazle saber lo mucho que le amas, quizás mañana no tengas la oportunidad de hacerlo o ellos no puedan hablar para poderte responder. También te pido que te cuides, no solo con auto exámenes o mamografías, sino con chequeos completos, el cáncer no avisa cuando llega, y cuando ya lo sientes será demasiado tarde. Sí, los pinchazos duelen, y las mamografías, colonoscopías, endoscopías, etc. no son nada divertidas, pero pueden salvarte la vida o alargarla para robarle tiempo al tiempo y hacer memorias con los que amas.

Esta historia aun no termina, y aun no sé cual sera su final. Mientras tanto cuido de mi mamá como cuando ella cuidaba de mí cuando era una niña, los papeles se han invertido y yo soy la madre y ella la hija. 

Gracias por leerme,

Emilia