La Historia detrás de la historia

Había una vez...

Una chica de colegio que quería una cámara de fotos, en aquel entonces solo habían aquellas de rollo, pero igual, quería una cámara. La recibió en navidad y desde entonces no deja de fotografiar gente, cosas, animales, luces, lugares y todo lo que se ponga enfrente.

En un viaje de pasantías a Cuenca, con una de mis cosas favoritas: una cámara de video.

En un viaje de pasantías a Cuenca, con una de mis cosas favoritas: una cámara de video.

Cuando se fue a Quito a estudiar producción de televisión se llevó la cámara con ella, y tenía la costumbre, poco saludable para su bolsillo en aquel entonces, de fotografiar de todo, desde un concierto hasta los paseos con amigos, al mes por lo menos revelaba 3 rollos de 36 fotografías, de las cuales quizás solo la mitad valían la pena ser vistas.

Mis habilidades de retoque fotográfico no habían evolucionado aún...

Mis habilidades de retoque fotográfico no habían evolucionado aún...

Su mundo cambió cuando llegó a las clases de fotografía, le dieron una cámara de verdad, aun de rollo, pero sin duda no era de plástico y ofrecía gran control al momento de decidir que fotografiar. Las primeras fotos todas tenían al sujeto en todo el centro, y es que a la mitad del visor había un círculo que, según mis compañeros y yo, era para poner la cabeza de nuestros sujetos de experimento. Era genial ir al cuarto oscuro y usar químicos para revelar nuestras propias fotos. Lástima que nunca supe que podía experimentar dentro del cuarto oscuro con efectos y luces (el photoshop de aquel entonces), sin duda hubiera sido genial.

Al regresar a Portoviejo y estudiar diseño gráfico, la chica se topó una vez más con la fotografía, pero esta vez en otras facetas: publicitaria, artística, etc. Que increíble fue aprender aspectos de la fotografía que me eran desconocidos, además de salir a la calle y usar mi cámara en público, era un poco vergonzoso en su inicio, pero realmente me gustó.

La primera sesión de fotos con mi cámara: con mis amigas en Crucita, y mi luz favorita, un atardecer.

La primera sesión de fotos con mi cámara: con mis amigas en Crucita, y mi luz favorita, un atardecer.

Casi al finalizar su carrera, recibió el mejor regalo de cumpleaños: una cámara digital profesional... que alegría! Después de haberla mirado cada semana en el almacén, al fin la tenía en sus manos y sería la extensión de sus brazos. Se dedicó a fotografiar, aprender, experimentar y a dominar la cámara, para esto los modelos eran los gatos de la casa y las sobrinas.

Quién diría que algo que la apasionaba de verdad se convertiría en su trabajo. Un día una amiga de su sobrina mayor le dijo que le encantaban sus fotos y que quería que le hiciera una sesión de fotos y que me pagaría por ello... Y así, de golpe y porrazo, me convertí en una fotógrafa para el mundo, porque para mí ya lo era.

Mi primera cliente: Lila, mil gracias!

Mi primera cliente: Lila, mil gracias!

Viendo hacía atrás, no imagino como sería mi vida si hubiera escogido otra profesión, o tan siquiera otra rama del diseño gráfico. Lo que siempre le pedí a Dios era ser mi propia jefa, manejar mis horarios y ser dueña de mi tiempo, en fin, que me pagaran por hacer lo que me gusta... Dios me ayudó a lograrlo.

La última sesión que hice

La última sesión que hice

La fotografía me apasiona porque me permite grabar imágenes que serían etéreas si solo las vieran mis ojos; porque me ayuda a mirar a las personas y a las cosas de una manera diferente; porque, a pesar de que no lo parezca, soy bastante introvertida y no hago amigos con facilidad, pero la fotografía me ha dado la oportunidad de conocer personas que jamás hubiera conocido de no dedicarme a este oficio de capturar almas, visiones y huellas que no solo se marcan en la vida de las personas que fotografío, sino en mi propia vida.

Gracias por ser parte de mi historia, y gracias por dejarme ser parte de la tuya.

-Emilia.